

[Para Ainhoa]
Mofletes estuvo poco tiempo en casa. Pero fue suficiente para que Cloe lo quisiera y lo celebrara cada día. Le faltaba tiempo para ir a sentarse junto a su jaula, meter la mano despacio y acariciarle.
Cuando cayó enfermo, Cloe empezó a llorar y no paró hasta casi dos días después.
Con Gritón el tiempo también pasó rápido. Al principio Cloe tenía miedo de cogerle cariño y no quería ponerle nombre.
- ¿Y si se marcha pronto, como Mofletes?
Pero el hámster no hacía más que chillar y sacar los dientes ante cualquier intento de acercamiento.
- ¿Cómo le podemos llamar, mamá?
- ¿Grititos?
- No, que no grita poco sino mucho. Mejor, Gritón.
Y con Gritón se quedó. El caso es que el nombre pareció sentarle bien porque dejó de mostrarse tan arisco.
- Dale tiempo, Cloe, necesita acostumbrarse a nosotros - le decía su padre.
Cloe volvió a llorar desconsolada cuando vió que Gritón ýa no salía de su casita. Se sentía triste, muy triste. No quería ni asomarse al espejo de su habitación. Pero el espejo no dejaba de mirarla. Hasta la lanzaba destellos luminosos para invitarla a asomarse. No servía de nada porque la angustia que Cloe sentía por dentro lo oscurecía todo.
Fue un domingo por la noche cuando volvió a ponerse frente al espejo. Al pasar frente a él le pareció ver a Mofletes y a Gritón. ¿Era posible? ¿Estaban allí realmente sus amigos? Sí, sí que estaban y, además, contentos.
Cloe quiso entrar a través del cristal para volver a tocar a los dos hámster. No pudo, pero sintió en la mano el calor y la suavidad de sus cuerpos.
Al volver a mirarlos, en el espejo, se dio cuenta de que intentaban decirle algo. No emitieron ningún sonido, pero ella escuchó dentro de su corazón unas palabras:
- Cloe, no sufras. Ahora vivimos libres, fuera de cualquier jaula. Gracias por cuidarnos. Si alguna vez quieres volver a estar con nosotros, búscanos de nuevo en tu corazón.
- Pero os necesió aquí, conmigo.
- Sólo podemos estar en tus recuerdos, en tus pensamientos, acompañándote.
Y entonces Cloe se vió en el espejo. Su cuerpo ya no estaba separado de Mofletes y de Gritón. Los tres eran parte de una gran bola de luz, llena de cariño y amor.